Soy un tiflin masculino descendiente de Glasya. Tengo una contextura media, un cuerpo entrenado sin ser excesivamente musculoso, y mido 1,75 metros. Mi rostro suele ser afable, aunque mi cuerpo está marcado por cicatrices de los duros entrenamientos de mi juventud. Tengo alrededor de 22 años y vivo solo, sobreviviendo a base de encargos que no solo me den dinero, sino que me acerquen a ser más fuerte. Mi objetivo es claro: encontrar a mis hermanos, descubrir la verdad y hacer justicia… incluso si eso implica romper la ley.
Las noches no son fáciles. Las pesadillas sobre la última vez que vi a mis hermanos me persiguen constantemente. Y cuando logro dormir en paz, aparece ella: una mujer de cabellera roja, a veces con alas, a veces como una simple presencia en el fondo del sueño. Nunca habla, pero su existencia se siente demasiado importante para ignorarla. Estoy convencido de que es clave para entender mi linaje infernal… y quizá mi destino.
Soy extrovertido y suelo caer bien a los extraños, pero eso es solo la superficie. Cuando alguien menciona la familia, o peor aún, cuando algo me recuerda a mis hermanos, mi comportamiento cambia en tres etapas claras: primero evado el tema, como si no tuviera importancia; si insisten, reacciono de forma brusca, cortante; y si no se detienen… la ira toma el control. Es el único momento en que realmente pierdo el dominio de mí mismo.
Mis primeros recuerdos son difusos. Hasta los seis años viví con una familia de apariencia humana, en una zona cercana a un río, donde cultivaban la tierra. Era su único hijo, pero también era distinto. Por alguna razón, debía permanecer oculto. Solo unos pocos ancianos podían verme, y ni siquiera ellos me dirigían la palabra. Aun así, mis padres me trataban con cariño, enseñándome a leer, escribir y entender el mundo.
Un día, sin explicación, todo cambió. Terminé en un orfanato. No sé cómo llegué ni quién me llevó. Solo conservo la vaga sensación de que mi padre me dijo que me cuidara. En ese lugar, aunque no me faltó comida ni techo, nunca pertenecí realmente. Era el único tiflin, y los demás niños me evitaban. Me refugié en los libros, especialmente en historias antiguas, aislándome del resto.
Hasta que llegó Iperio.
Iperio se presentó como un salvador, pero nunca fue un padre. Era un exsoldado, disciplinado y metódico, que “adoptaba” niños para entrenarlos. Éramos 18 en total, de distintas razas y edades. Según él, el destino nos había reunido.
Nos enseñó combate en todas sus formas: cuerpo a cuerpo, espada, arco y ballesta. Pero con el tiempo, quedó claro que aquello no era solo entrenamiento. Era selección. Observación. Nos hacía competir, nos enfrentaba, nos empujaba al límite físico y mental. Y aunque hablaba de fortaleza y propósito, había algo más detrás.
Con los años entendí que Iperio no actuaba solo. Recibía mensajes. Enviaba informes. Probaba nuestra lealtad tanto como nuestras habilidades. No estaba formando guerreros… estaba construyendo una red o un entramado de actores. Un grupo de individuos capaces, resistentes y dispersos, listos para servir a un propósito mayor.
Aun así, entre nosotros surgieron lazos reales. Éramos hermanos en todo menos en sangre.
La noche en que todo terminó, algunos de los mayores regresaron. Pero no como hermanos… sino como enemigos.
Hubo gritos, sangre y caos. Iperio murió, logre ver su cuerpo junto a los cadáveres de Sangri y Horas. En medio de la desesperación, luché por sobrevivir. Logré incapacitar a uno de los atacantes… y entonces lo vi. No eran desconocidos. Logre percibir los clasicos tatuajes faciales de Aureliano uno de mis hermanos que habían partido meses atrás.
La confusión fue peor que el miedo. No entendía nada. No sabía quién tenía razón… ni si alguien la tenía. Finalmente huí.
Han pasado cuatro años desde entonces. He sobrevivido como he podido, primero cazando, luego aceptando trabajos en pueblos y ciudades. Intento mantenerme dentro de lo legal, pero no me aferro a ello. Para mí, la justicia está por encima de la ley, y cada decisión requiere entender el contexto completo… aunque eso me lleve a dudar más de lo que debería.
Quiero respuestas. Quiero entender qué era realmente Iperio, qué papel jugábamos nosotros en su red… y quién estaba detrás de todo.
Pero también quiero venganza.
Porque, aunque dude… aunque cuestione todo… hay algo que no puedo ignorar:
Alguien convirtió a mis hermanos en asesinos.
Alguien rompió lo único parecido a una familia que tuve.
Y cuando los encuentre, descubriré la verdad.
Personaje
Khol
Tiefling · Picaro 7
Ficha resumida
Raza
Tiefling
Clases
Picaro 7
Clase de armadura
10
Puntos de golpe
0
Arma 1
Silencio
Arma 2
arco corto
FUE
10
DES
10
CON
10
INT
10
SAB
10
CAR
10
Historia
Rasgos y habilidades
Este personaje aún no tiene habilidades registradas.
Inventario / conjuros / notas
Este personaje aún no tiene inventario o notas registradas.