El corazón de Ubtao

El corazón de Ubtao

Master: Pavel Morales

La Tumba de la Aniquilación #11 Sesión 20 24 de agosto del 2025
El corazón de Ubtao
La Tumba de la Aniquilación #11 · Sesión 20 24 de agosto del 2025

El corazón de Ubtao

Durante todo el 19 de Elesias y los días que siguieron, el grupo continuó avanzando hacia el sur, dejando lentamente atrás las tierras pantanosas para volver a internarse en la jungla frondosa de Chult. El viaje fue considerablemente más silencioso que los anteriores. Nadie había olvidado lo sucedido con Nanny Pu'pu. Haber sido utilizados por la anciana, descubrir que algunos de ellos habían sido sometidos a un ritual mientras dormían y comprender que habían peleado y arriesgado sus vidas siguiendo una mentira había dejado una herida diferente a cualquiera que pudiera sanar Torik mediante sus plegarias. Umi avanzaba con evidente molestia, todavía incapaz de aceptar que alguien hubiese manipulado al grupo con tanta facilidad; Khol parecía ahora desconfiar incluso de las sombras que se movían entre los árboles; Badriel cargaba con la frustración de haber tenido que retirarse sin poder enfrentarse a quien los había engañado; mientras Ozul y Azaka intentaban concentrarse en encontrar el camino correcto. Incluso Torik, normalmente dispuesto a encontrar esperanza en las situaciones más adversas, permanecía pensativo. Estaban agotados, habían descansado poco y las palabras de la bruja continuaban acompañándolos: "Busquen el Corazón de Ubtao."

Cuatro días después de abandonar las cercanías de Mbala, la espesura finalmente comenzó a abrirse. Azaka fue la primera en detenerse. No dijo nada; simplemente levantó la mirada. Uno tras otro, los demás hicieron lo mismo y quedaron en silencio. Suspendida muy por encima de la jungla se encontraba una gigantesca masa de tierra y roca flotando inexplicablemente en el cielo. Tenía una forma extraordinariamente parecida a la de un corazón humano y, desde su parte inferior, enormes raíces petrificadas descendían hacia el vacío. Sobre ella se alzaba un gigantesco árbol aparentemente muerto, retorcido por el paso del tiempo, cuyas ramas completaban aquella inquietante silueta. Era el Corazón de Ubtao. No parecía una construcción realizada por manos mortales, sino un fragmento de Chult arrancado de la tierra por alguna fuerza antigua y dejado suspendido sobre la selva como recuerdo de un dios ausente.

"Supongo que Nanny no exageraba esta vez..." murmuró Khol.

Torik contempló durante largo rato aquella formación imposible. "Si realmente este lugar pertenece a Ubtao, deberíamos tratarlo con respeto." Azaka asintió lentamente. Incluso para alguien que había vivido gran parte de su vida recorriendo Chult, aquel sitio tenía un significado diferente. Los antiguos chultanos consideraban aquel lugar sagrado, una manifestación vinculada al propio Ubtao, el dios que durante generaciones había guiado a su pueblo antes de apartarse de ellos.

Pero había un problema evidente: el corazón flotaba muy por encima de sus cabezas.

Fue Ozul quien encontró una posible solución. Entre las ramas cercanas descubrió un pequeño murciélago y, recurriendo a su particular conexión con los animales, consiguió comunicarse con él. Le pidió que volara hasta aquella extraña isla y observara si alguien habitaba allí. La criatura desapareció entre las alturas y durante varios minutos el grupo permaneció esperando bajo la sombra del enorme corazón. Finalmente, el murciélago regresó, pero no lo hizo solo con información: llevaba consigo un pequeño mensaje.

Alguien los había visto.

La nota era una invitación.

Y estaba firmada con un nombre.

Valindra.

No tuvieron que descubrir por sí mismos cómo alcanzar la isla. Una energía arcana comenzó a manifestarse alrededor del grupo y, mediante una magia que ninguno alcanzó a comprender por completo, fueron elevados hasta aquella extraordinaria masa de tierra suspendida sobre Chult. Desde allí arriba la vista era sobrecogedora. La jungla se extendía bajo sus pies como un océano verde interminable, atravesado por ríos, pantanos y montañas que se perdían en el horizonte. Por primera vez desde que habían entrado en aquellas tierras podían comprender realmente la inmensidad del territorio que estaban intentando explorar.

Allí conocieron finalmente a Valindra. La mujer se presentó como una aventurera y estudiosa que, junto con otros compañeros, investigaba los acontecimientos que estaban ocurriendo en Chult. Según explicó, su grupo había convertido el Corazón de Ubtao en una base de operaciones desde la cual estudiaban la región. Gracias a poderosos conjuros de teletransportación podían desplazarse hacia diferentes lugares de la península y regresar posteriormente con información. En aquellos momentos, aseguró, varios de sus compañeros se encontraban explorando distintos puntos de Chult buscando pistas sobre una ciudad que durante años había permanecido perdida para el resto del mundo: Omu.

El nombre hizo que todos prestaran atención.

"Durante mucho tiempo creímos que buscábamos un lugar, una criatura... quizá incluso un objeto" explicó Valindra mientras extendía varios mapas sobre una mesa. "Pero todas las pistas terminan apuntando hacia el mismo sitio. Omu."

Badriel observó los mapas. "¿Estás diciendo que allí comenzó la Maldición de la Muerte?"

Valindra negó suavemente con la cabeza. "Digo que todo cuanto hemos descubierto indica que allí se encuentra su origen. Y si queremos detenerla, tarde o temprano tendremos que encontrar esa ciudad."

Por primera vez desde que habían abandonado Puerto Nyanzaru, la misión parecía adquirir una dirección concreta. Ya no buscaban simplemente algo escondido en algún lugar de una jungla interminable. Ahora tenían un nombre: Omu.

Durante las horas siguientes, Valindra compartió con ellos parte de sus conocimientos sobre Ubtao. Les habló del antiguo dios de Chult, de los laberintos que representaban los caminos que cada persona debía recorrer durante su existencia y de cómo, mucho tiempo atrás, el dios había terminado alejándose de los chultanos. El propio lugar sobre el que se encontraban era considerado por algunos habitantes de la región como una manifestación de aquel antiguo poder: un corazón suspendido sobre la jungla, perteneciente simbólicamente a una divinidad que ya no respondía a quienes alguna vez la adoraron.

Pero Valindra no solo les ofreció información. También les dio comida, agua y, quizá lo más valioso después de tantos días, un lugar verdaderamente seguro donde descansar. Aquella noche el grupo pudo finalmente quitarse las armaduras, limpiar sus heridas y dormir sin mantener una mano sobre sus armas. Torik atendió las heridas que aún quedaban del enfrentamiento anterior, Ozul aprovechó la altura para contemplar la inmensidad de Chult, mientras Umi y Badriel estudiaban los mapas junto a Valindra. Khol, aunque agradecido, seguía observando cuidadosamente a su nueva anfitriona. Después de Nanny Pu'pu, confiar en desconocidos se había convertido en algo mucho más difícil.

Finalmente llegaron a un acuerdo. El grupo colaboraría con Valindra y ayudaría a investigar las regiones de las que sus compañeros todavía tenían poca información. Para mantener el contacto, la mujer les entregó un collar mágico de comunicación, que quedó en poder de Khol. "Mientras lo lleves contigo podremos comunicarnos aunque nos separen muchas millas" explicó Valindra. Luego señaló una zona de los mapas situada hacia el suroeste. "Empiecen aquí. Sabemos demasiado poco de esta región. Si encuentran cualquier cosa relacionada con Omu, comuníquense conmigo."

La mañana del 23 de Elesias, completamente recuperados y con un objetivo mucho más claro, el grupo se reunió nuevamente frente a Valindra. La mujer comenzó a trazar símbolos arcanos y el espacio alrededor de los aventureros pareció deformarse. "Encuentren algo que nos acerque a Omu" fueron sus últimas palabras antes de completar el conjuro. Un instante después, el Corazón de Ubtao desapareció y la humedad de la jungla volvió a envolverlos. Habían sido transportados hasta una región desconocida del suroeste de Chult.

Esta vez comenzaron su expedición con un propósito concreto. Azaka volvió a tomar la delantera para encontrar los senderos más seguros; Ozul estudiaba las huellas y señales de animales buscando cualquier indicio de presencia humanoide; Khol permanecía atento al collar de comunicación y a posibles amenazas ocultas; Torik cuidaba las provisiones y el estado del grupo; mientras Badriel y Umi avanzaban preparados para cualquier peligro. Necesitaban encontrar información sobre Omu, aunque ninguno sabía exactamente qué forma tendría aquella pista.

Después de casi un día completo recorriendo la selva encontraron algo que ninguno esperaba.

Al principio parecía simplemente madera atrapada entre las copas de los árboles. Pero mientras se aproximaban, comenzaron a distinguir tablas, cuerdas y grandes fragmentos de una estructura. Tres enormes secciones de una embarcación permanecían suspendidas entre árboles gigantescos, a diferentes alturas sobre el suelo de la jungla. Sobre ellas podían distinguirse restos de aparejos y fragmentos de una enorme envoltura desgarrada atrapada entre las ramas. Lo imposible era evidente: estaban a una enorme distancia del océano y, sin embargo, frente a ellos descansaban los restos de un barco.

Torik levantó la mirada incrédulo. "O hemos caminado hasta el mar sin darnos cuenta..."

"O ese barco nunca necesitó agua" respondió Ozul.

La segunda explicación resultó ser la correcta. Tras examinar los restos comprendieron que se encontraban frente a una auténtica nave voladora, uno de aquellos navíos extraordinarios de los que algunos habían escuchado hablar en historias sobre civilizaciones capaces de utilizar la magia para surcar los cielos. Aquel barco había volado alguna vez sobre Chult, pero algo lo había derribado y su estructura se había partido en tres grandes fragmentos que ahora colgaban precariamente sobre la jungla.

La curiosidad terminó imponiéndose a la prudencia.

Ozul fue el primero en ascender. Utilizando lianas, ramas y las cuerdas que todavía pendían de los restos del navío, consiguió llegar hasta una de las secciones. Allí encontró suficiente información para identificar la embarcación: La Diosa Estelar, una nave procedente de Halruaa que había explorado Chult desde los cielos. Entre los restos encontró además señales de un ataque. Cortes en los materiales, daños en la estructura y anotaciones abandonadas permitían reconstruir parcialmente lo ocurrido. La nave había sido atacada por pterafolk, brutales reptiles humanoides voladores que habitaban las regiones montañosas de Chult. Las criaturas habían atacado desde el aire hasta provocar que el navío perdiera sustentación y terminara estrellándose contra las copas de los árboles.

"Aquí arriba hay algo más" comunicó Ozul desde los restos. "Parece que guardaban objetos importantes en la parte trasera del barco."

Aquello fue suficiente para convencer a Khol.

El tiefling observó las alturas, estudió las ramas y comenzó a trepar. Si realmente existía algo valioso en la sección posterior de La Diosa Estelar, quizá también encontrarían mapas, diarios o información que pudiera conducirlos hasta Omu. Sin embargo, cuando alcanzó una posición más elevada descubrió algo que desde el suelo había sido imposible distinguir.

Un nido.

Y dentro de él descansaba una criatura enorme.

Khol intentó continuar sin hacer ruido, pero aquella vez la fortuna decidió abandonarlo. Una de las estructuras deterioradas cedió bajo su peso y un fuerte crujido recorrió los árboles. Varias ramas se quebraron y fragmentos de madera cayeron hacia el suelo.

Los enormes ojos de la criatura se abrieron.

"Oh..." murmuró Khol.

Desde el nido se levantó una gigantesca bestia alada. Sus alas se extendieron entre las ramas y un chillido ensordecedor recorrió la jungla. El animal, semejante a un enorme pterodáctilo, se interpuso inmediatamente entre el tiefling y su nido mientras golpeaba violentamente las ramas con sus alas.

Badriel desenvainó su arma desde abajo.

"¡Khol, baja!"

"¡Eso estaba intentando!"

Khol descendió tan rápido como pudo mientras la criatura defendía furiosamente su territorio. Ozul preparó el arco por si debía cubrir su retirada, Umi llevó una mano hasta Imu y Torik comenzó a preparar sus plegarias. Sin embargo, Azaka comprendió inmediatamente que enfrentarse a una criatura semejante sobre las copas de los árboles sería una locura.

"¡Nos vamos! ¡Ahora!"

Nadie discutió.

El grupo abandonó los restos de La Diosa Estelar y comenzó a correr entre la vegetación mientras los chillidos de la enorme criatura resonaban detrás de ellos. Ramas y hojas golpeaban sus rostros, las raíces dificultaban cada paso y durante varios minutos nadie pensó en otra cosa que no fuera poner la mayor distancia posible entre ellos y aquel nido.

Y ese fue precisamente el problema.

Habían huido sin observar hacia dónde corrían.

Azaka fue la primera en detenerse.

El suelo tembló.

Una rama se quebró en algún lugar delante de ellos.

Luego otra.

Ozul levantó lentamente la mirada.

Dos gigantescas cabezas aparecieron entre la vegetación.

Tiranosaurios Rex.

Los enormes depredadores avanzaron entre los árboles apartando ramas y pequeños troncos con sus cuerpos. Sus mandíbulas eran suficientemente grandes como para partir a un hombre en dos y cada una de sus pisadas hacía vibrar el suelo bajo los pies del grupo. Durante un segundo eterno, aventureros y bestias simplemente se observaron.

"No corran..." susurró Ozul.

Uno de los tiranosaurios rugió.

"¡CORRAN!" gritó Khol.

No hubo tiempo para preparar una estrategia. El primero de los Tiranosaurios Rex cargó directamente contra ellos y la batalla comenzó en medio del caos. Badriel intentó adelantarse para contener a la criatura, pero incluso para el paladín enfrentarse a semejante masa de músculos y dientes resultaba una perspectiva aterradora. Umi desenvainó Imu y se colocó a su lado mientras Ozul buscaba desesperadamente una posición desde la cual disparar sin quedar al alcance de aquellas mandíbulas.

Azaka conocía demasiado bien a aquellas criaturas. "¡No se queden juntos! ¡Si nos encierran entre los dos estamos muertos!" gritó mientras intentaba atraer la atención de uno de los depredadores hacia un costado.

Khol desapareció entre la vegetación buscando un ángulo desde donde atacar sin convertirse en la siguiente presa, mientras Torik levantaba su símbolo de Chauntea intentando mantener al grupo con vida. Pero habían llegado al encuentro desordenados, agotados por la huida y sin ninguna posición defensiva.

El primer ataque fue devastador.

Una de las enormes bestias se abalanzó sobre Torik. El enano apenas alcanzó a reaccionar antes de que las gigantescas mandíbulas se cerraran sobre él. El golpe lo levantó del suelo como si su pesada armadura no significara nada.

"¡TORIK!" gritó Umi.

El cuerpo del clérigo golpeó violentamente el suelo.

No se levantó.

Por un instante, todo pareció detenerse.

Badriel miró hacia el cuerpo inmóvil de su compañero y después hacia el tiranosaurio que volvía a girarse. Umi apretó ambas manos alrededor de Imu. Ozul tensó el arco. Khol apareció entre las sombras con Silencio preparado. Azaka se interpuso entre el segundo depredador y el resto del grupo.

Dos Tiranosaurios Rex.

Torik inconsciente.

Y el combate apenas acababa de comenzar.
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