La Máscara de las Bestias
La jungla se convirtió en una carrera por sobrevivir. Los aventureros huyeron a toda velocidad entre raíces, helechos gigantes y árboles tan espesos que apenas dejaban pasar la luz del día, mientras detrás de ellos resonaba el avance incansable de los Yuan-ti y de aquella columna de muertos vivientes. No importaba cuánto aumentaran el ritmo: cada cierto tiempo podían escuchar ramas quebrándose, siseos entre la maleza o el sonido de decenas de cuerpos avanzando sin cansancio. Para los muertos no existía el agotamiento, pero para ellos sí. Torik todavía arrastraba las heridas sufridas contra los Tiranosaurios Rex; Azaka y Badriel estaban lejos de haberse recuperado por completo; incluso Umi, normalmente capaz de soportar jornadas agotadoras, comenzaba a sentir el peso de tantos días de combate. Khol miraba constantemente sobre su hombro y Ozul intentaba seguir el ritmo de Azaka mientras ambos buscaban desesperadamente una ruta que pudiera alejarlos de sus perseguidores. "¡Por aquí!" gritó Azaka finalmente.
La guía abandonó el sendero y comenzó a ascender por una pendiente cubierta de vegetación. No había tiempo para preguntar hacia dónde los conducía. El grupo simplemente la siguió. Durante horas avanzaron subiendo entre rocas resbaladizas, antiguas escalinatas ocultas bajo raíces y estructuras parcialmente derrumbadas, hasta que la vegetación comenzó a revelar los restos de una antigua construcción chultana. Se trataba de unas ruinas elevadas sobre una formación rocosa, quizá un viejo observatorio o un lugar desde el cual los habitantes de aquellas tierras habían contemplado alguna vez los cielos. Varias columnas aún permanecían en pie y en el punto más alto podía distinguirse una plataforma circular rodeada por muros quebrados. Desde allí la jungla se extendía ante ellos como un inmenso océano verde.
Cuando finalmente llegaron a la parte superior, ninguno tenía fuerzas para continuar corriendo. Pasaron varios minutos escuchando, pero no oyeron nada. Badriel apoyó por un instante las manos sobre las rodillas mientras intentaba recuperar el aliento. "Creo que los perdimos." Khol miró hacia el camino por el que habían llegado. "Después de todo lo que hemos vivido, me gustaría recomendar que dejemos de decir frases como esa."
Por desgracia, tenía razón. Un siseo surgió desde la pendiente y después otro. Ozul se asomó cuidadosamente entre las ruinas. "No los perdimos." Habían conseguido dejar atrás a una parte de la horda, pero no a toda. Entre la vegetación comenzaron a aparecer cadáveres avanzando lentamente por las antiguas escaleras. Detrás de ellos se deslizaban varios Yuan-ti. Quizá no eran los más de cuarenta enemigos que habían perseguido al grupo inicialmente, pero seguían siendo demasiados para unos aventureros agotados y heridos.
Azaka buscó otra salida, pero no la había. Detrás de las ruinas solo existía una abrupta caída cubierta de vegetación y roca. Frente a ellos, el único camino descendente comenzaba a llenarse de enemigos. Estaban atrapados. Umi desenvainó Imu y observó a sus compañeros. "Entonces dejamos de correr." Badriel levantó su espadón. "Y hacemos que subir hasta aquí les cueste caro."
Los primeros muertos vivientes alcanzaron la plataforma y la batalla comenzó. Torik fue el primero en reaccionar. El clérigo levantó el símbolo de Chauntea mientras los cadáveres avanzaban entre las columnas derruidas. "¡Que la tierra reclame aquello que le pertenece!" El poder divino estalló desde él y varios muertos retrocedieron aterrorizados ante Expulsar Muertos Vivientes. Algunos tropezaron con quienes venían detrás y por unos instantes la estrecha entrada hacia las ruinas se convirtió en un caos de cuerpos.
Aquellos segundos fueron suficientes. "Harder." Las llamas despertaron sobre Imu. Umi cargó directamente contra la primera línea. El espadón descendió envuelto en fuego y derribó al primero de los cadáveres antes de girar inmediatamente contra otro. La estrechez del camino jugaba a favor del grupo: los enemigos no podían rodearlos fácilmente y la guerrera convirtió la entrada de las ruinas en un muro de acero y fuego. Badriel se colocó junto a ella. "Tú a la izquierda." Umi respondió sin dejar de combatir: "Ya estaba a la izquierda." "Entonces quédate ahí."
Las espadas chocaron contra armas oxidadas mientras ambos mantenían la posición. Cada vez que un muerto viviente conseguía superar la defensa de uno, el otro lo interceptaba. Pero los Yuan-ti no tenían intención de atacar de frente. Desde posiciones inferiores comenzaron a lanzar flechas y proyectiles entre las ruinas, obligando al grupo a buscar cobertura tras columnas y fragmentos de muros.
Ozul comprendió inmediatamente el peligro. El semielfo escaló una sección parcialmente derruida del antiguo observatorio hasta alcanzar una posición más elevada. Desde allí podía ver tanto a sus compañeros como a los arqueros enemigos. Tensó su arco y esperó. Una flecha Yuan-ti salió entre la vegetación, Ozul siguió su trayectoria y disparó hacia el lugar de origen. Un siseo de dolor confirmó el impacto. "Uno menos disparando."
Khol utilizaba una estrategia diferente. Mientras Umi y Badriel mantenían ocupados a los enemigos, el tiefling se desplazaba entre las sombras de las ruinas. Aparecía detrás de un cadáver, atacaba y desaparecía antes de que los demás consiguieran reaccionar. Cuando un Yuan-ti consiguió alcanzar la plataforma y se lanzó contra Torik, Khol interceptó su movimiento. "Congelar." El frío recorrió Silencio. La hoja atravesó las defensas de la criatura y la escarcha se extendió sobre sus escamas. "El enano ya ha sido mordido suficiente por esta semana." "Agradecido" respondió Torik mientras recuperaba la posición.
Azaka se movía por el borde del combate intentando impedir que los enemigos encontraran una segunda ruta hacia la plataforma. Conocía la jungla, conocía el terreno y sabía perfectamente lo que ocurriría si conseguían rodearlos. Cada ataque suyo estaba destinado menos a matar que a controlar el campo de batalla: derribaba enemigos hacia las escaleras, cortaba avances y obligaba a los Yuan-ti a concentrarse en ella.
Durante unos instantes pareció posible. Entonces el suelo tembló. Fue apenas una vibración, una pequeña sacudida entre las piedras, y nadie le dio demasiada importancia. La batalla continuó. Los muertos seguían ascendiendo. Badriel recibió un golpe en el costado, Umi comenzó a acumular cortes sobre su armadura y Torik debía alternar constantemente entre atacar y utilizar sus poderes para mantener al grupo en pie. El aire se había llenado del olor a sangre, fuego y humedad.
El suelo volvió a temblar, esta vez con más fuerza. Ozul perdió por un instante el equilibrio sobre la estructura. "¿Sintieron eso?" Un nuevo temblor recorrió las ruinas. Azaka dejó de combatir durante una fracción de segundo y su expresión cambió. "Eso no es la montaña." Algo enorme estaba acercándose, pero no había tiempo para descubrir qué. Un Yuan-ti saltó sobre Badriel y el paladín apenas alcanzó a bloquearlo. Khol quedó atrapado entre dos muertos vivientes, mientras Torik intentaba alcanzar a Umi para cerrar una profunda herida provocada por una lanza.
Entonces llegó el rugido. No uno. Cuatro. El sonido atravesó la jungla y por un instante incluso los Yuan-ti dejaron de avanzar. Los árboles comenzaron a moverse violentamente en la parte inferior de las ruinas hasta que una enorme cabeza apareció entre ellos, después otra, luego una tercera y finalmente una cuarta. Cuatro Tiranosaurios Rex irrumpieron en el campo de batalla.
La llegada de aquellas bestias transformó el combate en puro caos. Uno de los enormes depredadores atrapó inmediatamente a un muerto viviente entre sus mandíbulas y lo sacudió como si no pesara nada. Otro embistió contra varios enemigos y los lanzó fuera del sendero. Pero aquellos animales no distinguían entre Yuan-ti, muertos o aventureros. Para ellos todos eran presas. "Perfecto..." murmuró Khol. "Porque la última vez nos fue estupendo con dos."
Ozul vio una oportunidad. Quizá todavía podían evitar aquella masacre. El explorador guardó momentáneamente su arco y extendió las manos intentando establecer una conexión con las gigantescas criaturas. Invocó su magia y pronunció Hablar con los Animales, intentando hacer que su voz atravesara el instinto salvaje de los dinosaurios. "¡No somos sus enemigos!" Una de las criaturas giró la cabeza hacia él y durante un segundo Ozul creyó que había funcionado. "Ataquen a las serpientes. Nosotros nos iremos."
El Tiranosaurio Rex rugió y cargó directamente contra él. "Eso es un no." Ozul apenas logró apartarse del primer ataque, pero la enorme cabeza lo alcanzó de costado. El impacto lo lanzó contra una de las paredes de piedra. El explorador cayó violentamente al suelo y durante unos segundos apenas pudo respirar. "¡OZUL!" gritó Torik. El semielfo seguía consciente, pero por muy poco.
El caos se volvió absoluto. Los Tiranosaurios Rex atacaban todo cuanto se movía. Los muertos vivientes se lanzaban contra ellos sin miedo alguno, mientras los Yuan-ti intentaban reorganizarse. Umi tuvo que rodar por el suelo para evitar una enorme mandíbula. Badriel arrastró a Ozul detrás de una columna mientras Torik corría hacia ellos. "¡Mírame!" ordenó el clérigo al explorador. "Estoy mirando..." respondió Ozul. "Eso es buena señal." Torik comenzó a canalizar magia curativa sobre él mientras Khol aparecía junto a ambos. "¿Puedes correr?" Ozul intentó incorporarse. "Puedo intentarlo."
Pero no había ningún lugar hacia donde correr. La salida seguía ocupada por enemigos. Los dinosaurios habían convertido la batalla en una carnicería, pero incluso aquello no garantizaba que los aventureros sobrevivieran. Uno de los Tiranosaurios Rex atrapó a un Yuan-ti y lo lanzó violentamente contra las ruinas, mientras otro se abalanzaba sobre Azaka. La guía logró apartarse por centímetros y rodó por el suelo.
Cuando levantó la mirada, vio a sus compañeros. Badriel estaba herido, Torik apenas conseguía sostener a Ozul, Umi intentaba mantener alejados a varios muertos y Khol buscaba desesperadamente una salida. Frente a ellos, cuatro enormes depredadores destrozaban todo a su paso.
Fue entonces cuando Azaka tomó una decisión. Su mano buscó algo entre sus pertenencias: un objeto que el grupo conocía demasiado bien. La Máscara de las Bestias, la misma reliquia que habían recuperado para ella en las ruinas del Campamento Justicia. "Azaka..." murmuró Ozul. La mujer no respondió. Se colocó la máscara.
Durante un instante no ocurrió nada. Después, los antiguos grabados de madera comenzaron a emitir un tenue resplandor. Azaka cerró los ojos y extendió ambas manos. "Escúchenme..." La magia de la Máscara de las Bestias se extendió por las ruinas.
Normalmente, aquel artefacto podía crear un vínculo entre su portador y las criaturas salvajes. Pero Azaka no estaba utilizando su poder de una manera normal. Lo estaba forzando. La primera de las criaturas se detuvo y su enorme cabeza giró hacia la guía. Después lo hizo otra, luego una tercera. Los cuatro Tiranosaurios Rex dejaron lentamente de atacar al grupo.
Azaka temblaba. Las manos le comenzaron a sangrar y la magia parecía atravesarla en lugar de simplemente fluir desde la máscara. "No..." murmuró mientras luchaba por mantener la concentración. "A ellos." Señaló a los Yuan-ti.
Uno de los tiranosaurios rugió y cargó. La criatura embistió contra la formación enemiga y lanzó varios muertos vivientes por los aires. Otro Tiranosaurio Rex atrapó a un Yuan-ti entre sus mandíbulas, mientras los dos restantes comenzaron a atacar la pendiente, dispersando a los cadáveres que todavía intentaban ascender. El campo de batalla cambió en segundos.
"¡Ahora!" gritó Azaka.
El grupo comprendió inmediatamente. No tenían que ganar; solo necesitaban una brecha. Badriel ayudó a Ozul a incorporarse mientras Torik continuaba enviando energía curativa hacia él. Khol encontró un espacio entre dos muros derruidos y saltó hacia la pendiente. "¡Por aquí!" Umi fue la última en abandonar la posición. Derribó a un muerto viviente y observó hacia Azaka. La guía seguía de pie con la máscara puesta, pero apenas. "¡Azaka!" "¡VAYAN!"
Uno de los dinosaurios rugió nuevamente y cargó contra un grupo de Yuan-ti. Umi retrocedió, pero se negó a dejarla atrás. "No te voy a dejar aquí." Azaka la miró; incluso detrás de la máscara podía percibirse el esfuerzo que estaba realizando. "Entonces ayúdame a caminar." Umi pasó uno de los brazos de la guía sobre sus hombros y ambas comenzaron a correr.
El grupo descendió por un lateral de las ruinas mientras detrás de ellos continuaba la batalla. Los rugidos de los Tiranosaurios Rex se mezclaban con los gritos de los Yuan-ti y el ruido de piedras derrumbándose bajo el peso de aquellas enormes criaturas. Khol encabezó el descenso, Ozul, todavía gravemente herido, avanzaba apoyándose ocasionalmente en Badriel, Torik corría detrás de ellos y Umi prácticamente cargaba a Azaka. Ninguno miró atrás.
Corrieron hasta que dejaron de escuchar gritos. Continuaron cuando los rugidos comenzaron a sonar lejanos y siguieron avanzando incluso después de que las piernas empezaran a negarles cada nuevo paso. Nadie supo cuánto tiempo había pasado, quizá horas, quizá menos. La jungla terminó tragándose los sonidos de la batalla hasta que finalmente se detuvieron y solo pudieron escuchar insectos, aves y sus propias respiraciones.
Estaban vivos.
Khol cayó sentado contra un árbol. "Esta vez sí voy a decirlo." Badriel levantó una mano. "No." "Creo que los perdimos." Durante un instante nadie respondió. Entonces Ozul comenzó a reír. Fue una risa agotada, dolorida y casi absurda. Torik terminó acompañándolo e incluso Umi dejó escapar una sonrisa. Habían sobrevivido a una horda de muertos, a los Yuan-ti y a cuatro Tiranosaurios Rex. Contra toda lógica, estaban a salvo. Los dinosaurios, ya lejos de la influencia de la máscara, habían comenzado a dispersarse nuevamente por la jungla.
Badriel se volvió hacia Azaka. "Creo que después de esto podemos aceptar oficialmente tu título de mata dinosaurios." La mujer no respondió. "¿Azaka?"
Sus piernas cedieron y Umi apenas consiguió atraparla antes de que golpeara el suelo. La Máscara de las Bestias cayó de su rostro. "¡TORIK!" El clérigo se arrodilló inmediatamente junto a ella y la sonrisa desapareció de todos. Azaka estaba inconsciente. Su respiración era débil, demasiado débil.
Torik colocó una mano sobre su pecho y comenzó a examinarla. No había una herida mortal. Aquello era diferente: su cuerpo estaba completamente agotado. La magia que había utilizado no había salido únicamente de la Máscara de las Bestias, sino también de ella. Había forzado el poder del artefacto más allá de sus límites y, cuando la magia de la máscara resultó insuficiente para someter a cuatro criaturas de semejante tamaño, había utilizado su propia fuerza vital para sostener el vínculo.
Ozul observó la máscara sobre el suelo. "Ella sabía lo que iba a pasar." Umi miró a la guía inconsciente. "Y lo hizo igual." Torik comenzó a invocar desesperadamente el poder de Chauntea. "Todavía está viva." Todos guardaron silencio mientras el clérigo comprobaba nuevamente su respiración. "Pero apenas."
La jungla volvió a parecer inmensa alrededor de ellos. Habían escapado, los Yuan-ti ya no los perseguían y los dinosaurios se habían marchado, pero la victoria había exigido un precio. Sobre las hojas húmedas descansaba la Máscara de las Bestias, el mismo objeto que meses atrás había llevado al grupo hasta unas antiguas ruinas para cumplir una promesa hecha a su guía, y junto a ella yacía Azaka Stormfang, la mujer que tantas veces los había conducido a través de los peligros de Chult y a quien habían comenzado a llamar La Mata Dinosaurios.
Esta vez había salvado a todos.
Y quizá aquello estuviera a punto de costarle la vida.
La guía abandonó el sendero y comenzó a ascender por una pendiente cubierta de vegetación. No había tiempo para preguntar hacia dónde los conducía. El grupo simplemente la siguió. Durante horas avanzaron subiendo entre rocas resbaladizas, antiguas escalinatas ocultas bajo raíces y estructuras parcialmente derrumbadas, hasta que la vegetación comenzó a revelar los restos de una antigua construcción chultana. Se trataba de unas ruinas elevadas sobre una formación rocosa, quizá un viejo observatorio o un lugar desde el cual los habitantes de aquellas tierras habían contemplado alguna vez los cielos. Varias columnas aún permanecían en pie y en el punto más alto podía distinguirse una plataforma circular rodeada por muros quebrados. Desde allí la jungla se extendía ante ellos como un inmenso océano verde.
Cuando finalmente llegaron a la parte superior, ninguno tenía fuerzas para continuar corriendo. Pasaron varios minutos escuchando, pero no oyeron nada. Badriel apoyó por un instante las manos sobre las rodillas mientras intentaba recuperar el aliento. "Creo que los perdimos." Khol miró hacia el camino por el que habían llegado. "Después de todo lo que hemos vivido, me gustaría recomendar que dejemos de decir frases como esa."
Por desgracia, tenía razón. Un siseo surgió desde la pendiente y después otro. Ozul se asomó cuidadosamente entre las ruinas. "No los perdimos." Habían conseguido dejar atrás a una parte de la horda, pero no a toda. Entre la vegetación comenzaron a aparecer cadáveres avanzando lentamente por las antiguas escaleras. Detrás de ellos se deslizaban varios Yuan-ti. Quizá no eran los más de cuarenta enemigos que habían perseguido al grupo inicialmente, pero seguían siendo demasiados para unos aventureros agotados y heridos.
Azaka buscó otra salida, pero no la había. Detrás de las ruinas solo existía una abrupta caída cubierta de vegetación y roca. Frente a ellos, el único camino descendente comenzaba a llenarse de enemigos. Estaban atrapados. Umi desenvainó Imu y observó a sus compañeros. "Entonces dejamos de correr." Badriel levantó su espadón. "Y hacemos que subir hasta aquí les cueste caro."
Los primeros muertos vivientes alcanzaron la plataforma y la batalla comenzó. Torik fue el primero en reaccionar. El clérigo levantó el símbolo de Chauntea mientras los cadáveres avanzaban entre las columnas derruidas. "¡Que la tierra reclame aquello que le pertenece!" El poder divino estalló desde él y varios muertos retrocedieron aterrorizados ante Expulsar Muertos Vivientes. Algunos tropezaron con quienes venían detrás y por unos instantes la estrecha entrada hacia las ruinas se convirtió en un caos de cuerpos.
Aquellos segundos fueron suficientes. "Harder." Las llamas despertaron sobre Imu. Umi cargó directamente contra la primera línea. El espadón descendió envuelto en fuego y derribó al primero de los cadáveres antes de girar inmediatamente contra otro. La estrechez del camino jugaba a favor del grupo: los enemigos no podían rodearlos fácilmente y la guerrera convirtió la entrada de las ruinas en un muro de acero y fuego. Badriel se colocó junto a ella. "Tú a la izquierda." Umi respondió sin dejar de combatir: "Ya estaba a la izquierda." "Entonces quédate ahí."
Las espadas chocaron contra armas oxidadas mientras ambos mantenían la posición. Cada vez que un muerto viviente conseguía superar la defensa de uno, el otro lo interceptaba. Pero los Yuan-ti no tenían intención de atacar de frente. Desde posiciones inferiores comenzaron a lanzar flechas y proyectiles entre las ruinas, obligando al grupo a buscar cobertura tras columnas y fragmentos de muros.
Ozul comprendió inmediatamente el peligro. El semielfo escaló una sección parcialmente derruida del antiguo observatorio hasta alcanzar una posición más elevada. Desde allí podía ver tanto a sus compañeros como a los arqueros enemigos. Tensó su arco y esperó. Una flecha Yuan-ti salió entre la vegetación, Ozul siguió su trayectoria y disparó hacia el lugar de origen. Un siseo de dolor confirmó el impacto. "Uno menos disparando."
Khol utilizaba una estrategia diferente. Mientras Umi y Badriel mantenían ocupados a los enemigos, el tiefling se desplazaba entre las sombras de las ruinas. Aparecía detrás de un cadáver, atacaba y desaparecía antes de que los demás consiguieran reaccionar. Cuando un Yuan-ti consiguió alcanzar la plataforma y se lanzó contra Torik, Khol interceptó su movimiento. "Congelar." El frío recorrió Silencio. La hoja atravesó las defensas de la criatura y la escarcha se extendió sobre sus escamas. "El enano ya ha sido mordido suficiente por esta semana." "Agradecido" respondió Torik mientras recuperaba la posición.
Azaka se movía por el borde del combate intentando impedir que los enemigos encontraran una segunda ruta hacia la plataforma. Conocía la jungla, conocía el terreno y sabía perfectamente lo que ocurriría si conseguían rodearlos. Cada ataque suyo estaba destinado menos a matar que a controlar el campo de batalla: derribaba enemigos hacia las escaleras, cortaba avances y obligaba a los Yuan-ti a concentrarse en ella.
Durante unos instantes pareció posible. Entonces el suelo tembló. Fue apenas una vibración, una pequeña sacudida entre las piedras, y nadie le dio demasiada importancia. La batalla continuó. Los muertos seguían ascendiendo. Badriel recibió un golpe en el costado, Umi comenzó a acumular cortes sobre su armadura y Torik debía alternar constantemente entre atacar y utilizar sus poderes para mantener al grupo en pie. El aire se había llenado del olor a sangre, fuego y humedad.
El suelo volvió a temblar, esta vez con más fuerza. Ozul perdió por un instante el equilibrio sobre la estructura. "¿Sintieron eso?" Un nuevo temblor recorrió las ruinas. Azaka dejó de combatir durante una fracción de segundo y su expresión cambió. "Eso no es la montaña." Algo enorme estaba acercándose, pero no había tiempo para descubrir qué. Un Yuan-ti saltó sobre Badriel y el paladín apenas alcanzó a bloquearlo. Khol quedó atrapado entre dos muertos vivientes, mientras Torik intentaba alcanzar a Umi para cerrar una profunda herida provocada por una lanza.
Entonces llegó el rugido. No uno. Cuatro. El sonido atravesó la jungla y por un instante incluso los Yuan-ti dejaron de avanzar. Los árboles comenzaron a moverse violentamente en la parte inferior de las ruinas hasta que una enorme cabeza apareció entre ellos, después otra, luego una tercera y finalmente una cuarta. Cuatro Tiranosaurios Rex irrumpieron en el campo de batalla.
La llegada de aquellas bestias transformó el combate en puro caos. Uno de los enormes depredadores atrapó inmediatamente a un muerto viviente entre sus mandíbulas y lo sacudió como si no pesara nada. Otro embistió contra varios enemigos y los lanzó fuera del sendero. Pero aquellos animales no distinguían entre Yuan-ti, muertos o aventureros. Para ellos todos eran presas. "Perfecto..." murmuró Khol. "Porque la última vez nos fue estupendo con dos."
Ozul vio una oportunidad. Quizá todavía podían evitar aquella masacre. El explorador guardó momentáneamente su arco y extendió las manos intentando establecer una conexión con las gigantescas criaturas. Invocó su magia y pronunció Hablar con los Animales, intentando hacer que su voz atravesara el instinto salvaje de los dinosaurios. "¡No somos sus enemigos!" Una de las criaturas giró la cabeza hacia él y durante un segundo Ozul creyó que había funcionado. "Ataquen a las serpientes. Nosotros nos iremos."
El Tiranosaurio Rex rugió y cargó directamente contra él. "Eso es un no." Ozul apenas logró apartarse del primer ataque, pero la enorme cabeza lo alcanzó de costado. El impacto lo lanzó contra una de las paredes de piedra. El explorador cayó violentamente al suelo y durante unos segundos apenas pudo respirar. "¡OZUL!" gritó Torik. El semielfo seguía consciente, pero por muy poco.
El caos se volvió absoluto. Los Tiranosaurios Rex atacaban todo cuanto se movía. Los muertos vivientes se lanzaban contra ellos sin miedo alguno, mientras los Yuan-ti intentaban reorganizarse. Umi tuvo que rodar por el suelo para evitar una enorme mandíbula. Badriel arrastró a Ozul detrás de una columna mientras Torik corría hacia ellos. "¡Mírame!" ordenó el clérigo al explorador. "Estoy mirando..." respondió Ozul. "Eso es buena señal." Torik comenzó a canalizar magia curativa sobre él mientras Khol aparecía junto a ambos. "¿Puedes correr?" Ozul intentó incorporarse. "Puedo intentarlo."
Pero no había ningún lugar hacia donde correr. La salida seguía ocupada por enemigos. Los dinosaurios habían convertido la batalla en una carnicería, pero incluso aquello no garantizaba que los aventureros sobrevivieran. Uno de los Tiranosaurios Rex atrapó a un Yuan-ti y lo lanzó violentamente contra las ruinas, mientras otro se abalanzaba sobre Azaka. La guía logró apartarse por centímetros y rodó por el suelo.
Cuando levantó la mirada, vio a sus compañeros. Badriel estaba herido, Torik apenas conseguía sostener a Ozul, Umi intentaba mantener alejados a varios muertos y Khol buscaba desesperadamente una salida. Frente a ellos, cuatro enormes depredadores destrozaban todo a su paso.
Fue entonces cuando Azaka tomó una decisión. Su mano buscó algo entre sus pertenencias: un objeto que el grupo conocía demasiado bien. La Máscara de las Bestias, la misma reliquia que habían recuperado para ella en las ruinas del Campamento Justicia. "Azaka..." murmuró Ozul. La mujer no respondió. Se colocó la máscara.
Durante un instante no ocurrió nada. Después, los antiguos grabados de madera comenzaron a emitir un tenue resplandor. Azaka cerró los ojos y extendió ambas manos. "Escúchenme..." La magia de la Máscara de las Bestias se extendió por las ruinas.
Normalmente, aquel artefacto podía crear un vínculo entre su portador y las criaturas salvajes. Pero Azaka no estaba utilizando su poder de una manera normal. Lo estaba forzando. La primera de las criaturas se detuvo y su enorme cabeza giró hacia la guía. Después lo hizo otra, luego una tercera. Los cuatro Tiranosaurios Rex dejaron lentamente de atacar al grupo.
Azaka temblaba. Las manos le comenzaron a sangrar y la magia parecía atravesarla en lugar de simplemente fluir desde la máscara. "No..." murmuró mientras luchaba por mantener la concentración. "A ellos." Señaló a los Yuan-ti.
Uno de los tiranosaurios rugió y cargó. La criatura embistió contra la formación enemiga y lanzó varios muertos vivientes por los aires. Otro Tiranosaurio Rex atrapó a un Yuan-ti entre sus mandíbulas, mientras los dos restantes comenzaron a atacar la pendiente, dispersando a los cadáveres que todavía intentaban ascender. El campo de batalla cambió en segundos.
"¡Ahora!" gritó Azaka.
El grupo comprendió inmediatamente. No tenían que ganar; solo necesitaban una brecha. Badriel ayudó a Ozul a incorporarse mientras Torik continuaba enviando energía curativa hacia él. Khol encontró un espacio entre dos muros derruidos y saltó hacia la pendiente. "¡Por aquí!" Umi fue la última en abandonar la posición. Derribó a un muerto viviente y observó hacia Azaka. La guía seguía de pie con la máscara puesta, pero apenas. "¡Azaka!" "¡VAYAN!"
Uno de los dinosaurios rugió nuevamente y cargó contra un grupo de Yuan-ti. Umi retrocedió, pero se negó a dejarla atrás. "No te voy a dejar aquí." Azaka la miró; incluso detrás de la máscara podía percibirse el esfuerzo que estaba realizando. "Entonces ayúdame a caminar." Umi pasó uno de los brazos de la guía sobre sus hombros y ambas comenzaron a correr.
El grupo descendió por un lateral de las ruinas mientras detrás de ellos continuaba la batalla. Los rugidos de los Tiranosaurios Rex se mezclaban con los gritos de los Yuan-ti y el ruido de piedras derrumbándose bajo el peso de aquellas enormes criaturas. Khol encabezó el descenso, Ozul, todavía gravemente herido, avanzaba apoyándose ocasionalmente en Badriel, Torik corría detrás de ellos y Umi prácticamente cargaba a Azaka. Ninguno miró atrás.
Corrieron hasta que dejaron de escuchar gritos. Continuaron cuando los rugidos comenzaron a sonar lejanos y siguieron avanzando incluso después de que las piernas empezaran a negarles cada nuevo paso. Nadie supo cuánto tiempo había pasado, quizá horas, quizá menos. La jungla terminó tragándose los sonidos de la batalla hasta que finalmente se detuvieron y solo pudieron escuchar insectos, aves y sus propias respiraciones.
Estaban vivos.
Khol cayó sentado contra un árbol. "Esta vez sí voy a decirlo." Badriel levantó una mano. "No." "Creo que los perdimos." Durante un instante nadie respondió. Entonces Ozul comenzó a reír. Fue una risa agotada, dolorida y casi absurda. Torik terminó acompañándolo e incluso Umi dejó escapar una sonrisa. Habían sobrevivido a una horda de muertos, a los Yuan-ti y a cuatro Tiranosaurios Rex. Contra toda lógica, estaban a salvo. Los dinosaurios, ya lejos de la influencia de la máscara, habían comenzado a dispersarse nuevamente por la jungla.
Badriel se volvió hacia Azaka. "Creo que después de esto podemos aceptar oficialmente tu título de mata dinosaurios." La mujer no respondió. "¿Azaka?"
Sus piernas cedieron y Umi apenas consiguió atraparla antes de que golpeara el suelo. La Máscara de las Bestias cayó de su rostro. "¡TORIK!" El clérigo se arrodilló inmediatamente junto a ella y la sonrisa desapareció de todos. Azaka estaba inconsciente. Su respiración era débil, demasiado débil.
Torik colocó una mano sobre su pecho y comenzó a examinarla. No había una herida mortal. Aquello era diferente: su cuerpo estaba completamente agotado. La magia que había utilizado no había salido únicamente de la Máscara de las Bestias, sino también de ella. Había forzado el poder del artefacto más allá de sus límites y, cuando la magia de la máscara resultó insuficiente para someter a cuatro criaturas de semejante tamaño, había utilizado su propia fuerza vital para sostener el vínculo.
Ozul observó la máscara sobre el suelo. "Ella sabía lo que iba a pasar." Umi miró a la guía inconsciente. "Y lo hizo igual." Torik comenzó a invocar desesperadamente el poder de Chauntea. "Todavía está viva." Todos guardaron silencio mientras el clérigo comprobaba nuevamente su respiración. "Pero apenas."
La jungla volvió a parecer inmensa alrededor de ellos. Habían escapado, los Yuan-ti ya no los perseguían y los dinosaurios se habían marchado, pero la victoria había exigido un precio. Sobre las hojas húmedas descansaba la Máscara de las Bestias, el mismo objeto que meses atrás había llevado al grupo hasta unas antiguas ruinas para cumplir una promesa hecha a su guía, y junto a ella yacía Azaka Stormfang, la mujer que tantas veces los había conducido a través de los peligros de Chult y a quien habían comenzado a llamar La Mata Dinosaurios.
Esta vez había salvado a todos.
Y quizá aquello estuviera a punto de costarle la vida.