Los Magos Rojos

Los Magos Rojos

Master: Pavel Morales

La Tumba de la Aniquilación #14 Sesión 23 29 de marzo del 2026
Los Magos Rojos
La Tumba de la Aniquilación #14 · Sesión 23 29 de marzo del 2026

Los Magos Rojos

La noche del 23 de Elesias cayó sobre la selva con una quietud que resultaba casi ofensiva después de todo cuanto habían vivido. Apenas unas horas antes, el grupo había huido de una batalla imposible contra los Yuan-ti, una horda de muertos vivientes y cuatro enormes Tiranosaurios Rex. Habían sobrevivido únicamente gracias al sacrificio de Azaka, quien había forzado el poder de la Máscara de las Bestias hasta conseguir someter momentáneamente a los dinosaurios y abrirles una vía de escape. Pero ahora su guía yacía inconsciente, respirando con dificultad, completamente ajena a las voces de sus compañeros. Torik había conseguido estabilizarla, aunque ni sus plegarias ni su experiencia podían determinar cuánto tardaría en despertar... o si llegaría a hacerlo.

No podían permanecer expuestos, de modo que improvisaron una camilla utilizando ramas resistentes, telas y parte de sus propios equipos. Umi y Badriel se turnaron para cargar a Azaka mientras Ozul buscaba un lugar relativamente protegido entre la espesura. Encontraron finalmente un pequeño claro rodeado por grandes raíces y árboles que podían ofrecer algo de cobertura. Allí levantaron la tienda de campaña, reforzándola cuanto pudieron contra la humedad, los insectos y cualquier criatura que pudiera acercarse durante la noche. No era un refugio seguro, apenas una fina barrera entre ellos y la inmensidad de Chult, pero después de tantas horas corriendo parecía casi un hogar.

Torik permaneció gran parte de la noche junto a Azaka, controlando su respiración y utilizando cuanto conocimiento curativo poseía para mantenerla estable. Ozul observaba frecuentemente a la guía desde la entrada de la tienda, preocupado. Habían recorrido juntos buena parte de aquella jungla y resultaba extraño verla tan inmóvil. Badriel intentaba mantener la confianza del grupo, aunque cada vez que miraba hacia ella su expresión se endurecía. Umi apenas hablaba; todavía recordaba el momento en que había tenido que cargar a Azaka mientras la magia de la máscara consumía sus últimas fuerzas. Por su parte, Khol intentó aliviar el ambiente con su habitual ironía: "Bueno... considerando que hoy no nos han mordido, aplastado ni sacrificado durante las últimas dos horas, creo que podemos considerarlo una mejora." Nadie respondió inmediatamente, pero después de unos segundos Ozul soltó una pequeña risa. Era poco, aunque bastó para aliviar por un instante la tensión.

La mañana siguiente trajo un nuevo problema. Azaka seguía sin despertar y las provisiones comenzaban a agotarse. Al revisar sus pertenencias descubrieron que apenas quedaban raciones. Quizá algunas se habían perdido durante las persecuciones de los días anteriores, quizá habían consumido más de lo previsto o simplemente habían subestimado cuánto tiempo permanecerían alejados de cualquier asentamiento. Fuera cual fuera la causa, ahora debían resolverlo. Con su guía inconsciente, desorientados en una de las regiones más peligrosas de Chult y con escasas provisiones, la supervivencia comenzaba a convertirse en un enemigo tan peligroso como cualquier monstruo.

Continuaron avanzando mientras buscaban alimentos. Ozul asumió gran parte de la responsabilidad, examinando plantas, frutos y rastros de animales mientras trataba de recordar lo que Azaka les había enseñado durante las semanas anteriores. Encontraron algunos frutos silvestres que parecían seguros y pequeñas raíces que podían cocinar, pero aquello apenas alcanzaba. Torik consiguió identificar también algunos insectos grandes que se escondían bajo troncos húmedos. Khol sostuvo uno entre los dedos y lo observó con evidente desconfianza. "Dime que esto no es la cena." Torik se encogió de hombros. "Tiene proteínas." El tiefling lo miró durante unos segundos antes de llevárselo a la boca. Su rostro pasó por varias expresiones difíciles de interpretar. "Viscosos..." murmuró mientras masticaba, antes de levantar una ceja. "...pero sabrosos." Incluso Umi terminó riéndose y, por un breve momento, en medio del cansancio y la preocupación, volvieron a sentirse como el grupo que había comenzado aquel viaje semanas atrás.

El día entero transcurrió entre vegetación interminable. Sin Azaka consciente para guiarlos, las distancias se volvieron difíciles de calcular y cada dirección parecía conducir hacia la misma sucesión de árboles, lianas y pantanos. Ozul hacía cuanto podía para mantener un rumbo coherente, pero incluso su experiencia como explorador encontraba dificultades en aquella jungla. Cuando cayó la noche levantaron nuevamente la tienda y reforzaron el perímetro con ramas y pequeñas alarmas improvisadas. El suelo estaba húmedo, irregular y cubierto por raíces. Todos extrañaban una cama, un techo verdadero y la posibilidad de dormir sin preguntarse qué criatura podía aparecer durante la noche. Pero, por encima de todo, extrañaban la voz de Azaka, sus advertencias y aquella seguridad con la que siempre parecía saber hacia dónde debían caminar.

Aquella noche, mientras los demás intentaban dormir, Khol realizó una de las guardias. Durante largo rato solo escuchó los sonidos habituales de Chult: insectos, animales nocturnos y el roce de hojas movidas por un viento que apenas alcanzaba el suelo. Entonces oyó algo diferente.

"Khol..."

El tiefling levantó la cabeza y miró hacia la tienda. Todos parecían dormir. La voz volvió a escucharse entre la vegetación. "Khol..." Provenía de la jungla. Se incorporó lentamente, con una mano sobre Silencio. "Si esto termina siendo otra anciana ofreciendo comida, juro que me retiro." No hubo respuesta. Solo volvió a escuchar su nombre.

La voz parecía lejana y cercana al mismo tiempo. Cada vez que intentaba localizarla, parecía desplazarse algunos metros entre los árboles. Khol avanzó con cautela. Primero unos pasos, luego algunos más. La tienda desapareció lentamente detrás de la vegetación. Había algo extraño en aquella llamada, algo que su mente reconocía como peligroso, pero que al mismo tiempo le impedía detenerse. El collar de comunicación que Valindra le había entregado en el Corazón de Ubtao parecía más pesado alrededor de su cuello. Una tenue sensación recorrió su mente y, poco a poco, sus propios pensamientos comenzaron a confundirse con una voluntad que no era la suya.

Cuando Khol no regresó, Ozul fue el primero en advertir su ausencia. Despertó a Badriel y ambos siguieron las huellas del tiefling. Durante los primeros minutos pudieron distinguir claramente su rastro, pero cuanto más avanzaban, más extraña parecía volverse la jungla. Los árboles se repetían. Los senderos regresaban sobre sí mismos. Un tronco que habían dejado atrás aparecía nuevamente frente a ellos. Badriel marcó uno de los árboles con su espada para comprobarlo y, después de varios minutos de avance, la misma marca apareció frente a ellos. "Esto no es natural" murmuró Ozul. "En Chult esa frase ha perdido bastante significado" respondió Badriel.

Intentaron continuar, pero cada dirección terminaba conduciéndolos al mismo punto. La vegetación comenzó a cerrarse a su alrededor hasta transformarse en un auténtico laberinto. Finalmente no pudieron avanzar más. Entonces, sin transición alguna, ambos abrieron los ojos dentro de la tienda. Ozul se incorporó de golpe y Badriel hizo lo mismo. Por un instante ninguno habló. La noche seguía siendo la misma. Torik, Umi y Azaka permanecían allí. Pero Khol no.

Aquello no había sido un sueño.

Por su parte, Khol se encontraba bajo la influencia de Valindra. El collar de comunicación que había recibido en el Corazón de Ubtao escondía una propiedad que el grupo desconocía: permitía que Valindra interfiriera en su voluntad. Guiado por aquella influencia, Khol caminó durante horas por la jungla hasta alcanzar un antiguo portal arcano. Al atravesarlo fue transportado hasta el Corazón de Ubtao, pero el lugar ya no se presentaba ante sus ojos como la tranquila isla flotante que había conocido anteriormente. Bajo los efectos de la magia, todo parecía estar dentro de un gigantesco corazón vivo. Las paredes parecían latir, gruesas raíces recorrían la superficie como venas y un sonido profundo y regular resonaba alrededor del tiefling. Allí lo esperaba Valindra. Sin necesidad de explicaciones, impuso una nueva orden sobre su mente: debía regresar a la jungla y proteger a un grupo de Magos Rojos de Thay mientras completaban un ritual de sacrificio destinado a poner a prueba un extraño objeto mágico.


Cuando amaneció, el resto del grupo desmontó el campamento a toda velocidad. No podían abandonar a Azaka, pero tampoco podían dejar a Khol solo en la jungla. Volvieron a colocar a su guía sobre la camilla improvisada y siguieron la dirección aproximada en la que creían que había desaparecido el tiefling. Ozul buscaba cualquier huella posible, mientras Badriel avanzaba visiblemente preocupado. "No se iría sin decir nada." Umi asintió. "Entonces alguien hizo que se fuera."

Después de varias horas encontraron algo que no pertenecía a la selva. Primero vieron telas entre los árboles, luego cajas, huellas y finalmente varias tiendas de campaña distribuidas alrededor de unas ruinas antiguas. Sobre algunas de ellas ondeaban banderas marcadas con un símbolo circular rojo. Había además jaulas de diferentes tamaños. Algunas estaban abiertas y vacías; otras conservaban mechones de pelo, plumas y manchas secas de sangre. Quienquiera que utilizara aquel campamento parecía capturar y transportar criaturas vivas. El lugar tenía una presencia inquietante. Algunos objetos estaban decorados con símbolos arcanos y los rastros indicaban que varias personas se habían desplazado recientemente entre el campamento y unas ruinas cercanas. Torik ayudó a colocar cuidadosamente la camilla de Azaka bajo una zona cubierta, mientras Umi observaba las tiendas. "No me gusta esto." Badriel desenvainó lentamente su espada. "Últimamente eso suele significar que estamos a punto de descubrir por qué."

Fue entonces cuando Ozul sintió algo. No una voz exactamente, sino una súplica, una sensación de miedo y desesperación que parecía provenir de algún lugar cercano. Había una criatura en peligro. "Hay algo allí" dijo mirando hacia las ruinas. "Algo necesita ayuda." Antes de que sus compañeros pudieran detenerlo, comenzó a avanzar siguiendo aquella sensación. Atravesó varios árboles y descendió por un pequeño sendero hasta llegar a una zona donde la vegetación daba paso a piedras antiguas.

Allí se detuvo.
Alguien bloqueaba el camino.
"Khol..."

El tiefling estaba frente a él. Ozul dio un paso hacia su compañero, aliviado durante un instante. "¿Dónde demonios estabas? Llevamos horas buscándote." Khol no respondió. Su postura era diferente. Sus manos estaban cerca de sus armas y su expresión carecía de aquella habitual mezcla de ironía y desconfianza. Ozul intentó avanzar. "Déjame pasar." Khol se movió exactamente lo necesario para bloquear nuevamente el camino. "No puedes seguir." El explorador frunció el ceño. "¿Qué estás haciendo?" No obtuvo respuesta.

Durante algunos segundos ambos permanecieron frente a frente. Ozul sabía que podía intentar forzar el paso, pero había algo profundamente extraño en el comportamiento de su compañero. Finalmente decidió no atacarlo. Retrocedió y regresó al campamento para buscar a los demás.

Poco después, Umi, Badriel, Torik y Ozul avanzaron juntos hacia las ruinas, llevando también la camilla de Azaka. Cuando llegaron al lugar comprendieron inmediatamente por qué Khol había intentado impedir el paso. Ante ellos se levantaba una antigua estructura circular de piedra. Parte de sus muros habían desaparecido hacía mucho tiempo, pero en el centro permanecía una plataforma que parecía haber sido utilizada como altar. Símbolos arcanos habían sido dibujados recientemente alrededor de ella con una sustancia oscura y rojiza. Varias velas ardían pese a la humedad de la jungla y una energía desagradable parecía acumularse en el aire.

Dos figuras vestidas de rojo se encontraban alrededor del altar. Sus cabezas rapadas estaban cubiertas por tatuajes y símbolos arcanos.

Magos Rojos de Thay.

Junto a ellos aguardaban varios guerreros armados y, a poca distancia, se encontraba Khol. En el centro del círculo había un objeto que ninguno reconoció: un pequeño cubo cubierto de símbolos. Uno de los magos parecía estudiarlo mientras el otro preparaba el ritual. Frente al cubo, atado sobre la piedra, había un lobo. El animal luchaba desesperadamente.

Ozul sintió inmediatamente la misma angustia que lo había atraído hasta allí. "Era él..." murmuró. El lobo lo miró y no necesitaba magia para comprender aquella mirada. Estaba aterrorizado. El ritual parecía requerir su sangre. Ozul tomó su arco. "No voy a permitir que lo hagan." Badriel observó primero al explorador y luego a los magos. "Entonces terminemos con esto."

Uno de los Magos Rojos levantó la cabeza. Ya los había visto.
La tensión se rompió.
El combate comenzó.

Umi fue la primera en cargar. Desenvainó Imu y avanzó contra los guerreros que protegían el ritual mientras Badriel ocupaba el otro extremo de la formación. Torik permaneció inicialmente junto a Azaka, intentando mantenerla fuera del alcance de los ataques, mientras Ozul disparaba contra uno de los soldados cercanos al altar. Entonces Khol desenvainó Silencio y atacó a sus propios compañeros.

Badriel bloqueó por poco la estocada y retrocedió desconcertado. "¡Khol! ¿Qué demonios estás haciendo?" El tiefling no respondió y volvió a atacar. Umi vio lo ocurrido desde el otro extremo de las ruinas. "¡No lo lastimen!"

Todos comprendían lo mismo. Algo estaba mal. Khol podía ser impredecible, sarcástico e incluso desesperadamente imprudente, pero jamás habría protegido voluntariamente un sacrificio semejante. Badriel comenzó a defenderse sin devolver los golpes. Intentó sujetarlo, pero Khol era demasiado rápido. El tiefling giró, escapó de sus brazos y volvió a levantar Silencio. "¡Khol, mírame!" gritó el paladín. Durante una fracción de segundo sus miradas se cruzaron y pareció existir algo detrás de los ojos del pícaro, como si una parte de él intentara responder. Pero inmediatamente volvió a atacar.

Ozul comenzó a desplazarse hacia el altar mientras disparaba contra los soldados. Su única preocupación era alcanzar al lobo antes de que terminara el ritual. Uno de los guerreros intentó interceptarlo, pero una flecha le atravesó el hombro y lo obligó a retroceder. "Aguanta" murmuró el explorador mirando hacia el animal. "Voy por ti." Torik, mientras tanto, permanecía dividido entre dos responsabilidades. Azaka seguía inconsciente a pocos metros del combate, pero sus compañeros necesitaban ayuda. El clérigo levantó el símbolo de Chauntea y comenzó a canalizar su magia para mantenerlos en pie. "¡No pienso perder a ninguno de ustedes después de haber llegado hasta aquí!"

Los Magos Rojos continuaban el ritual incluso mientras sus propios hombres combatían. Aquello era lo más inquietante: no parecían preocupados. Uno continuaba concentrado sobre el misterioso cubo mientras el otro observaba cómo los aventureros avanzaban hacia ellos. Umi derribó a uno de los soldados y vio que Ozul estaba a punto de alcanzar el altar. Badriel continuaba intentando inmovilizar a Khol sin herirlo, mientras Torik protegía a Azaka y sostenía al resto del grupo con sus plegarias.

Por primera vez, parecía que podían romper la defensa.

Entonces uno de los Magos Rojos levantó la mano. Una pequeña esfera de fuego apareció entre sus dedos. Badriel alcanzó a verlo y sus ojos se abrieron.
"¡CÚBRANSE!"
El mago sonrió.

"Bola de Fuego."

La esfera salió disparada y atravesó el campo de batalla.

El mundo desapareció bajo las llamas.

El estallido llenó las ruinas de fuego, humo y fragmentos de piedra. La onda expansiva derribó a varios guerreros que luchaban incluso del mismo lado que el mago. Aquel ataque no distinguió aliados de enemigos. Los soldados de Thay gritaron mientras las llamas los envolvían. Umi alcanzó a protegerse detrás de parte del altar, Badriel se cubrió con los restos de un muro, Ozul saltó hacia un costado y rodó por el suelo mientras el fuego pasaba sobre él. Torik consiguió resistir la explosión y Khol, moviéndose con la rapidez que siempre lo había caracterizado, logró apartarse parcialmente de la zona más destructiva.
Pero había alguien que no podía moverse.

Azaka.

La guía seguía tendida sobre la camilla.
Inconsciente.
Indefensa.
Las llamas la alcanzaron de lleno.

"¡AZAKA!"

Torik se giró inmediatamente. El cuerpo de la guía había quedado envuelto entre humo y pequeñas llamas. Durante un instante el clérigo no pudo distinguir si todavía respiraba. Umi dejó de mirar a los soldados, Ozul olvidó incluso al lobo y Badriel volvió la mirada hacia su compañera caída. Por un breve segundo, incluso Khol pareció vacilar.

El combate continuaba alrededor de ellos. Los Magos Rojos de Thay todavía protegían el extraño cubo. El ritual no había terminado. El lobo seguía atado sobre el altar. Khol continuaba bajo una voluntad que no era la suya. Y ahora Azaka, que apenas había sobrevivido a su último sacrificio, acababa de recibir de lleno una Bola de Fuego.

Era el 25 de Elesias.
Y la batalla apenas había llegado a la mitad.
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