El viaje hacia Thundertree continuó marcado por señales de un mundo en decadencia… pero también por nuevos encuentros que cambiarían el destino del grupo.
En el camino, los aventureros conocieron a Raydoth, un druida perteneciente al Enclave Esmeralda, guardián de los equilibrios naturales y conocedor de los peligros que acechaban la región. Junto a él, apareció un nuevo aliado: Azelot, un semiorco dispuesto a unirse a la causa y enfrentar lo que fuera necesario.
Se suma Rudy con el Semiorco Barbaro Azelot
No tardaron en poner a prueba su fuerza. En medio del camino, un grupo de muertos vivientes emergió entre la maleza y las sombras del bosque. Sin embargo, esta vez el combate no representó una gran amenaza: el grupo, cada vez más cohesionado, logró imponerse con rapidez y eficacia.
Finalmente, llegaron a las ruinas de Thundertree.
Lo que alguna vez fue un hogar… ahora era un lugar marcado por la tragedia.
El antiguo pueblo natal de Umi yacía en ruinas, víctima de la furia de un volcán que, en su erupción, trajo consigo no solo destrucción, sino también una corrupción persistente: muertos vivientes vagando sin descanso y una vegetación salvaje que reclamaba el terreno con violencia. Para Umi, no era solo una misión. Era un reencuentro con el dolor.
Gracias a la guía de Raydoth, el grupo logró evitar múltiples peligros ocultos entre los restos del pueblo. Sin embargo, ante la magnitud de los riesgos y lo desconocido que aún se ocultaba en Thundertree, los aventureros tomaron una decisión prudente: no explorar a fondo las ruinas. Algunas historias… aún no estaban listas para ser enfrentadas.
La jornada concluyó en la guarida de Raydoth, un refugio seguro dentro de un territorio hostil. Allí, por primera vez en días, el grupo pudo descansar sin la amenaza inmediata de la muerte.
Pero el silencio de la noche no traía paz… Solo la calma antes de lo inevitable.
El grupo ha llegado al corazón de una tierra marcada por la destrucción.
Pero aún quedan secretos sin descubrir…
y enemigos que todavía no han mostrado su rostro.
En el camino, los aventureros conocieron a Raydoth, un druida perteneciente al Enclave Esmeralda, guardián de los equilibrios naturales y conocedor de los peligros que acechaban la región. Junto a él, apareció un nuevo aliado: Azelot, un semiorco dispuesto a unirse a la causa y enfrentar lo que fuera necesario.
No tardaron en poner a prueba su fuerza. En medio del camino, un grupo de muertos vivientes emergió entre la maleza y las sombras del bosque. Sin embargo, esta vez el combate no representó una gran amenaza: el grupo, cada vez más cohesionado, logró imponerse con rapidez y eficacia.
Finalmente, llegaron a las ruinas de Thundertree.
Lo que alguna vez fue un hogar… ahora era un lugar marcado por la tragedia.
El antiguo pueblo natal de Umi yacía en ruinas, víctima de la furia de un volcán que, en su erupción, trajo consigo no solo destrucción, sino también una corrupción persistente: muertos vivientes vagando sin descanso y una vegetación salvaje que reclamaba el terreno con violencia. Para Umi, no era solo una misión. Era un reencuentro con el dolor.
Gracias a la guía de Raydoth, el grupo logró evitar múltiples peligros ocultos entre los restos del pueblo. Sin embargo, ante la magnitud de los riesgos y lo desconocido que aún se ocultaba en Thundertree, los aventureros tomaron una decisión prudente: no explorar a fondo las ruinas. Algunas historias… aún no estaban listas para ser enfrentadas.
La jornada concluyó en la guarida de Raydoth, un refugio seguro dentro de un territorio hostil. Allí, por primera vez en días, el grupo pudo descansar sin la amenaza inmediata de la muerte.
Pero el silencio de la noche no traía paz… Solo la calma antes de lo inevitable.
El grupo ha llegado al corazón de una tierra marcada por la destrucción.
Pero aún quedan secretos sin descubrir…
y enemigos que todavía no han mostrado su rostro.